¿La LGBTfobia y su origen religioso?: bases para entenderla y empoderarte
“Este escrito no tiene como fin atacar a ninguna religión judeocristiana ni a ninguna otra; su propósito principal es hacerle entender a una infancia, adolescencia o juventud LGBT que el simple hecho de existir no tiene nada de malo.”
Un ejemplo real que muestra cómo la religión puede limitar la empatía
El 31 de agosto de 2025 ocurrió un terremoto de magnitud 6.0 en Afganistán.
Muchas mujeres fueron abandonadas bajo los escombros sin atención médica, debido a que el régimen talibán prohíbe el contacto físico entre hombres y mujeres sin parentesco.
Esto obedece a una estricta y puritana interpretación del islam sunita.
¿Qué tiene que ver esto con la LGBTfobia?
Queridx lector(x), seguramente te estarás preguntando qué relación tiene lo anterior con la comunidad LGBT y la LGBTfobia religiosa.
Te compartí ese dato con el objetivo de hacer un contraste: las religiones que consideran un pecado la diversidad sexual y de género son abrahámicas.
En pocas palabras, comparten la creencia en un único Dios y en los profetas Moisés, Abraham y Jesús.
Y aunque comparten muchas cosas, la interpretación de cada una juega un papel decisivo en la moral y las costumbres de sus creyentes.
Por ejemplo:
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Las mujeres testigas de Jehová deben usar falda hasta la rodilla.
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Las mujeres católicas y cristianas pueden usar pantalón.
Es común que cada rama del cristianismo obedezca estrictamente algunos pasajes bíblicos y sea más permisiva con otros… o que, directamente, ignore ciertos textos escritos ahí.
La religión que heredamos
Desde que nacemos, dependiendo de nuestra “suerte”, nacionalidad, clase social, etnia y otros factores, se nos asigna una religión.
Desde la infancia se nos inculcan rituales, rezos y creencias, enseñándonos que esa cosmovisión es la verdad absoluta.
Solo al llegar a la mayoría de edad (si bien nos va), comenzamos a discernir por nosotrxs mismxs.
¿Qué tanto afectan las creencias religiosas a las infancias y juventudes LGBT?
La respuesta más concreta es: depende.
Puede que la familia tenga una cosmovisión religiosa definida, pero no practique activamente los dogmas y reglas de su fe.
Un buen ejemplo es México, donde la mayoría de la población es católica, pero cada familia vive su religión a su manera.
Es bien sabido que la Iglesia como institución suele mantener una postura pasivo-agresiva hacia la comunidad LGBT.
Aun así, el papa Francisco dijo una vez:
“Si una persona homosexual tiene buen corazón y quiere acercarse a Dios, ¿quién soy yo para condenarle?”
Sin embargo, otras religiones son más severas:
para ellas, ser parte de la diversidad sexual es un pecado, y por ende, un “problema” que necesita atención.
Esto lleva a algunas familias a buscar “terapias de conversión”, con la falsa idea de “rehabilitar” a la persona y volverla heterosexual.
Cuando la religión se vuelve castigo
En casos más graves —como ocurre entre algunos testigos de Jehová—, si se descubre que un miembro es LGBT, se ordena a su familia excluirlo y rechazarlo activamente.
Esto puede ser devastador si se trata de un menor de edad, pues lo deja vulnerable, reprimido y sin otra opción que ocultarse.
Y, en escenarios aún más extremos, como bajo el régimen talibán, tener una sexualidad diversa o una identidad de género diferente al sexo asignado al nacer se considera un delito.
Las condenas pueden ir desde prisión hasta castigos físicos.
Consecuencias personales, sociales y emocionales
Las personas LGBT que crecen dentro de entornos religiosos hostiles suelen enfrentar consecuencias profundas:
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Baja autoestima
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Represión identitaria
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Exclusión social
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Discriminación
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Acoso
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Maltrato físico y psicológico
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Falta de sentido de pertenencia
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Ideas suicidas
Millones de personas están viviendo alguna —o todas— estas consecuencias.
Si conoces a alguien en esta situación, compártele este texto.
Podrías salvarle la vida.
Un mensaje para ti
El mundo es un lugar enorme.
Te aseguro que hay un espacio para ti donde te sentirás plenx con quien eres.
Existe todo un movimiento que lucha incansablemente para que las personas como nosotrxs gocen de derechos y libertades.
No hay nada de malo contigo.
Puedes dudar, experimentar, redefinirte y, si no te gusta el resultado, volver a empezar.
Si alguien te ha dicho que ser como eres está mal, recuerda: nadie tiene la verdad absoluta.
En este mundo existen los derechos humanos, la libertad y las leyes que nos protegen.
A veces caemos en sistemas represores que nos hacen creer que no, pero ningún ser humano tiene la potestad de decirte cómo debes vivir, amar o expresarte.
La máxima ley de vida
No hacerse daño a unx mismx,
ni hacerle daño a los demás.
Existen millones de personas parecidas a ti, listas para conocerte y compartir sus historias.
Sé que cada contexto es diferente, y tal vez ahora no puedas hacer mucho, pero cuando estés listx, recuerda:
Hay un mundo que te espera.
Muchas personas que te entienden y quieren ser tu amigx.
No tengas miedo.
Busca ayuda, conoce gente nueva, cuestiona, expande tus horizontes, y sobre todo recuerda:
“No hay nada de malo en ser diferente.”
Con amor,
Yael de Jesús
