She-Ra: reinterpretando un clásico desde una mirada queer
Me faltan palabras para describir lo que esta serie significó para mí a nivel personal pues fue uno de mis primeros acercamientos a un tipo distinto de fantasía donde la diversidad tenía un espacio importantísimo. *She-Ra and the Princesses of Power* es una de esas joyas imperdibles que, sin embargo, ha pasado algo desapercibida por ser animada y, para muchos, “infantil”.
La serie nos presenta a Adora, una soldada ejemplar de la Horda, el ejército que domina gran parte de Etheria.
Todo cambia cuando encuentra una espada mágica en el bosque y descubre que puede transformarse en She-Ra, una guerrera legendaria de imponente presencia y fuerza.
Plot twist: la Horda no es precisamente el bando bueno.
Adora decide desertar y unirse a la Rebelión junto a Glimmer y Bow, dos besties rebeldes con poderes (y un arco, literalmente).
¿Su misión? es reunir a las distintas princesas mágicas de Etheria, cada una con habilidades únicas, para enfrentarse a Hordak y liberar a Etheria de su mal.
Mientras tanto, del otro lado queda Catra —quien, claro, “no hizo nada malo” (╥﹏╥)—: su mejor amiga y una casi algo muy complicada relación cargada de tensión emocional. Sintiéndose traicionada, Catra se convierte en su principal rival.
Gran parte de la serie gira en torno a este vínculo complejo: enfrentamientos épicos, amistad, dolor, redención y ese constante “¿se van a besar o se van a destruir?” que tanto nos gustan de los romances sáficos.
Además, la serie destaca por su elenco diverso y bien construido, abordando con sensibilidad temas como la identidad, la neurodivergencia, el amor y el perdón. Y, en un contexto donde el fascismo y la opresión son una amenaza constante, nos recuerda que el amor, la empatía y la diversidad son, al final del día, las fuerzas que realmente pueden salvarnos.
¿Quieres saber cómo termina esta historia? Recomiendo encarecidamente verla en Netflix o por otros métodos **wink wink** pues es de esas historias que se quedan mucho tiempo después de ver los créditos finales.
RENaissance
